Me encontraba en un garito celebrando una despedida de soltero/a, cuando empezó a sonar “Billy Jean” del gran Michael Jackson. De pronto, poseído por el fantasma del mismo Michael, me puse en el centro de la sala y empecé un baile eléctrico.
La gente me hizo corro y me dejaron sólo, allí en medio deleitando a todos los presentes. Todos me jaleaban y animaban. Los más efusivos, tocaban palmas. Ante ese ambiente, yo me crecí y seguí con mi ritual de movimientos. Asombrando, aún mas, al personal.
Acabó la canción, todo el mundo aplaudía. Los chicos me daban palmaditas en la espalda. Las chicas querían un hijo mío. En fin. Todos me felicitaban por mi actuación.
De entre la multitud, emergió un mozalbete de unos 30 años, que me dijo estar impresionado por lo que segundos antes había presenciado. Se arrimó a mi y me dijo con voz muy seria: “Increíble tío. Lo has clavao. Nunca había visto una imitación tan buena de Chiquito de la Calzada.”
Bueno. Lo que cuenta, es lo bien que me lo pasé. Dentro de un mes, en la boda, ¿repetimos?