Tendría unos 5 años más o menos. Bueno, realmente no recuerdo si fue la primera, pero sí de las primeras veces que fui al cine. Fui a ver ‘Superman. Quien no sepa de qué va esta película, que esté atento que lo voy a contar.
La historia comienza con la desintegración de un planeta que sufre un terremoto de grado 38 en la escala de Richter. Allí mueren todos menos un bebé que es lanzado al espacio en una cápsula intergaláctica.
Mira tú por dónde, que dicha cápsula cae en la tierra en plan meteorito cósmico.
Un granjero local, sediento de curiosidad, va a ver el meteorito y comprueba que la roca ha parido un niño de 7 kilos y medio. Como no es cuestión de dejar al chaval en medio del campo, lo monta en su furgoneta.
De camino a casa, pinchan y como el granjero tiene dificultades cambiando la rueda, el crío le ayuda a levantar la furgoneta. En ese momento, el granjero empieza a sospechar que ese niño algo tiene fuera de lo normal.
Lo siguiente, es un poco aburrido. Son los años adolescentes del protagonista. Y demostraciones de fuerza ante las nenas y nenes de la universidad.
Muerto el granjero, el ‘Super’ decide que ya es hora de ver mundo y se va a la ciudad. Donde, gracias a sus superpoderes, lucha contra los chicos malos. Para pasar desapercibido, oculta su identidad cambiandose de peinado y poniéndose gafas. Quedando totalmente irreconocible.
El tiempo libre que le deja la lucha contra el crimen, lo ocupa trabajando en un periódico, dónde se enamora de una reportera. Es por ella que esta dispuesto a renunciar a su vida como superhéroe. Pero al final, le vuelve su vena heroica y salva al mundo de un malo-malísimo que trama un perverso plan para dominar a la humanidad.
Y más o menos, esa es la história.
¿Por qué hablo de esta película? Bien. Porque me ha venido a la mente ya que, aquí en Zaragoza (y en toda España), hace años que han cambiado las antiguas cabinas teléfonicas (en las que te metías dentro y cerrabas la puerta) por unos postes (como el de la foto) donde sólo tienes el teléfono y un pequeño mostrador. Y entonces, hace años que me pregunto: si Superman viviese en Zaragoza, ¿dónde entraría a cambiarse de ropa? La duda me corroe por dentro.